Hoy quiero compartir una reflexión sobre mi situación actual y sobre los límites que he decidido marcar.
Me encuentro en una situación vulnerable, llamando a puertas que se cierran en la cara. Siempre supe que muchas estaban por conveniencia. Y, aun así, aparece un alma caritativa que, poco o mucho, tiende la mano y ofrece su opinión sin más, incluso pidiendo perdón por decir lo que dice.
Esas pequeñas cosas, esas conversaciones donde se escucha y se comprende cada detalle, valen oro. A esas personas hay que mantenerlas cerca, seguras, porque lo quieras o no, siempre están.
Yo tengo mucho que decir, mucho que contar. Pero hoy he decidido: hasta aquí. Se acabó. Me cansé de ser usada, de ayudar y de que me nieguen una y otra vez su ayuda. He sido paciente, he hablado con respeto, y aun así se me niega. Me duele, y sin querer hacer daño, porque no me gusta, no me queda otra que actuar por la vía legal.
Es duro, ¿verdad? Pero las personas buenas también nos cansamos. Nos cansamos de ser siempre usadas. Y cuando cambiamos, resulta que los malos somos nosotros. Qué gracioso.

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