No es fácil ser una persona que ve.
No es fácil ir contra corriente.
No es fácil vivir alerta, sin vendas, sin fingir que no pasa nada.
No es fácil tragar saliva, morderse la lengua y dejar que todo siga su curso.
No es fácil ver que quienes no deben nada están más pendientes que quienes si deberían estarlo.
Tampoco es fácil querer tomar las riendas de la propia vida.
Siempre aparece alguien que pretende que lo propio quede arrinconado para sostener lo ajeno.
Ayudar es bien visto.
Pedir ayuda, no.
Estar disponible para otr@ es virtud.
Estar disponible para un@ mism@, defecto.
Y lo más curioso de todo esto es que casi nadie - absolutamente nadie - se detiene aponerse en los zapatos del otr@.
Casi nadie reconoce la realidad cruda que much@s han tenido que enfrentar día tras día.
Casi nadie admite el peso que se carga en silencio, sin espectáculo, sin ruido.
Caminar despierto tiene su precio, pero también una dignidad que no se negocia.
Ver lo que otr@s no quieren ver no es un defecto: es una forma de libertad.

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