La llegada de alguien nuevo debería ser un momento de inversión y crecimiento. Sin embargo, en demasiados equipos se convierte en una experiencia fría: se le ignora, se le niega información o se le arrincona.
Este ostracismo laboral no siempre es consciente, pero sus raíces son claras: miedo al cambio, inseguridad personal, culturas cerradas y fallos de liderazgo. El resultado es devastador: estrés, baja autoestima, errores por falta de apoyo y, finalmente, la renuncia temprana del talento.
Para la organización, el coste es enorme: pérdida de productividad, fuga de talento y deterioro cultural. Arrinconar a un nuevo compañero no es solo descortesía, es sabotaje directo a la misión del equipo.
En este vídeo reflexiono sobre una realidad silenciosa en muchas oficinas: el trato que reciben los recién llegados. La exclusión no es un detalle menor, es un error estratégico que daña tanto a la persona como a la organización.

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